
Los llamados zoomies, conocidos científicamente como episodios aleatorios de actividad frenética, forman parte del repertorio normal del comportamiento de muchos animales. Perros, conejos, caballos e incluso elefantes pueden protagonizar estas explosiones repentinas de energía que parecen surgir de la nada y desaparecer con la misma rapidez.
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En los gatos, estos momentos suelen consistir en carreras a toda velocidad por la casa, saltos imposibles entre muebles, cambios bruscos de dirección, maullidos discordantes y una aparente pérdida temporal de cualquier interés por la calma o su dignidad. Son especialmente frecuentes en ejemplares jóvenes y suelen concentrarse en las horas del amanecer y del atardecer, cuando los felinos están biológicamente más activos.
Sin embargo, existe una variante especialmente conocida entre quienes conviven con gatos que ocurre justo después de utilizar el arenero y ha recibido nombres tan curiosos como poophoria, que podríamos traducir como cacaeuforia.
Un detonador desconocido
Muchos gatos salen de la caja de arena con absoluta normalidad, pero otros parecen activar un interruptor invisible nada más terminar de defecar. En cuestión de segundos atraviesan habitaciones, recorren pasillos a toda velocidad o se lanzan sobre sofás y paredes con una energía que contrasta con la concentración que mostraban apenas unos instantes antes.
Lo llamativo es que este comportamiento no parece exclusivo de unos pocos gatos. Los veterinarios y los especialistas en comportamiento animal lo describen como una conducta relativamente frecuente y, en la inmensa mayoría de los casos, completamente normal.

